jueves, 31 de enero de 2008

Wilde dice adiós


Se acaba el mes de enero y toca pasar página de calendario. Durante 31 días, durísimos e intensos sin excepción, ha estado mirándome desde la pared un señor elegante llamado Oscar Wilde. Sus ojos me dicen que sabía lo que le iba a pasar, que sabía que el destino le depararía algo más duro, infinitamente más, que el clavel que lleva en la solapa y el cigarro aromático que porta en su mano derecha. En sus ojos está la fidelidad rota y el escarnio. Igual lo veo porque sé que fue eso lo que pasó. Pero el caso es que lo veo, sí, con claridad. Juzgad vosotros.
Esta noche cuando me marche a casa cerraré los ojos de Wilde para abrir los de Montesquieu. Nace febrero. Pero mientras eso pasa, quiero que hoy resuenen en mis oídos los versos más tristes que escribió el inglés, los de la Balada de la cárcel de Reading. Aquello de "Pero aunque todos los hombres matan lo que aman /no todos deben morir por ello". El alegato más hermoso jamás escrito contra la pena de muerte y la ausencia de libertad, con permiso del maestro Hugo (El último día de un condenado a muerte). Adiós, Oscar.


P.D.: A quien quiera comprarse la Balada, le recomiendo la edición bilingüe e ilustrada de Hiperión.

3 comentarios:

Gordi dijo...

No puedo ya con tanto mito, tía, que no es normal. ¿Por qué no tienes un calendario de la Frutería Lola como todo el mundo? ¿O de Recreativos López? Pufff, y encima al lao del cuadro de SM, como si lo viera. Quien no te conozca que te compre

Isabel dijo...

Pues nosotros la compramos sin saber cómo era y mal del todo no nos ha salido la jugada, no??? Lo del calendario pase, pero no sé por qué no me creo que no tenga nada de reverte colgado por las paredes como me dijo el otro día... eso no lo creo. Si es verdad empezaría a ser síntoma de enfermedad en la pobrecilla.

Vendredi dijo...

Gran señor, que tiene los derechos sobre una de las frases que más me aplico: "Uno debería estar siempre enamorado. Por eso jamás deberíamos casarnos".