Cinco años sin Yasser Arafat. Cinco años sin cabeza en la Autoridad Nacional Palestina. Se murió cuando debía, de madrugada, con lo que nos evitó cambios de páginas y llamadas a la rotativa. Dicen los palestinos que lo envenenó Israel. Los israelíes sostienen que se envenenó solito de malo que era. Arafat no fue un ángel, sino un terrorista que supo dejar el fusil ("No permitan que esta rama de olivo caiga de mi mano", dijo en la ONU). Mató y ordenó matar, aunque ahora se le perdona todo: los asesinatos, el nepotismo y la corrupción de su época de paz. Esas cosas que, como dice Rosa Montero, se concentraban en su mirada para convertirlo en el tipo más repulsivo al que nunca interrogó ("Es un ser tirano con maneras de dictador", insiste en cada entrevista). Todo eso es cierto. Pero Arafat también fue el salvador de una causa que languidecía en el exilio de Jordania o Egipto, fue la voz de una reivindicación callada, fue el rostro de la firmeza de un pueblo expoliado. Tampoco el hoy maravilloso Isaac Rabin fue un santo. También él, mártir muerto por un fanático, tuvo su pasado (aunque a aquello se le llame resistencia). Ambos, con Hussein de Jordania, con Bill Clinton, con Hosni Mubarak, supieron ver que el futuro pasaba por alguna cesión menor en comparación con el logro por venir: la estabilidad en una zona bañada en sangre desde que el mundo es mundo. Arafat fue el que dio un paso hacia los acuerdos, y también el que alentó la Segunda Intifada y los atentados a partir de 2001. Fue él quien pagó las consecuencias: tres años encerrado en la Mukata, aguantando que las tropas israelíes bombardearan su propia casa, la de un presidente internacionalmente reconocido, mientras hablaba por teléfono con Moratinos. Ni el más mínimo respeto como dirigente, hasta el punto de que casi de milagro dejaron que se lo llevaran a París para morir. Arafat fue más, fue un líder; Abbas no pasa de presidente y ahora, encima, no quiere ni la reelección. ¿Qué va a hacer la ANP? ¿Hacia dónde camina? ¿Ha perdido en estos cinco años todo lo ganado? ¿Ha dejado de ser el interlocutor para la paz? Dicen las crónicas que puede avecinarse una Tercera Intifada, a tenor de los enfrentamientos de las últimas semanas en Jerusalén Este. Dicen que esa Tercera Intifada puede darse entre hermanos, entre palestinos, entre las facciones de la ANP y Hamás. Mientras, Hillary Clinton juega a la diplomacia y lo mismo da la razón a Israel con su política de asentamientos que se la quita. Un paso adelante, un paso atrás. En ese escenario, descabezados y sin ganas de avanzar, el gran Obama se erige como salvador del conflicto. Pero ya no hay con quien hablar. Los líderes se mueren y sus gentes viven en tensión. Ya no hay rais, y sigue sin haber estado palestino. Igual lo ven nuestros nietos, si no se matan antes entre ellos y ya no hay pueblo al que dar tierra.P.D.: Una estudiante pasa junto a una pared con un graffiti del desaparecido presidente palestino, Yaser Arafat, en Gaza, en la franja de Gaza, hoy miércoles 11 de noviembre, día en el que se conmemora el quinto aniversario de su muerte. EFE/MOHAMMED SABER.-
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