lunes, 23 de marzo de 2009

La percepción del mundo

"Un caso de alcoholismo"
Conozco a un editorialista que nos explica el mundo cada día desde las páginas de su periódico, pero que no es capaz de comprender lo que le pasa a su mujer.
-Hace cosas rarísimas -me cuenta-. El otro día se le cayó al suelo una taza de café y se echó a llorar como si hubiera sucedido un drama.
-¿Estaba llena o vacía? -pregunté para ganar tiempo.
-No sé, creo que tenía agua.
Le sugerí que quizá no fuera agua, sino ginebra. Muchas mujeres beben detrás de las puertas y sienten por ello una culpa insoportable. Mi amigo reconoció que había descubierto varias botellas vacías bajo el fregadero, aunque negó la posibilidad de que su mujer fuera una alcohólica clandestina. Fíjense: un hombre al que le parece verosímil que Clinton bombardee Afganistán para desviar la atención del caso Lewinsky, no era capaz de entender que su mujer bebiera a escondidas.
Comimos juntos y me hizo un análisis minucioso del panorama nacional e internacional. Me costó mucho entender la devaluación del rublo y la caída de las bolsas asiáticas. No me excité con los arrebatos pasionales de Pujol por Durán, ni de Marqués por Cascos, o viceversa, pero asentí a todo para que dejara de analizar, pues se trata de un analítico compulsivo y despieza la realidad con la misma crueldad que un niño un juguete.
-Lo que no entiendo -dijo al fin- es que mi mujer se haya dado a la bebida. Si tiene todo lo que quiere.
-Clinton también, y se ha entregado a los bombardeos porque las felaciones no le llenan. La gente es muy rara.
-No compares a mi mujer con Clinton -respondió-. Ella no mataría ni una mosca para ocultar un adulterio.
Sin embargo, pensé yo, lo mismo se mete dos botellas de ginebra al día para soportar los razonamientos de su marido. Unos atacan hacia fuera y otros hacia dentro. Le sugerí que escribiera un editorial intentando explicar lo que le pasaba a su mujer, a ver si eso le ayudaba a comprenderlo. Pero no me ha vuelto a llamar.
Juan José Millás, Cuerpo y prótesis. Ediciones El País, Madrid, 2000. Páginas 71 y 72.-

7 comentarios:

Mariana dijo...

De mi tiempo en Espanya es una de las cosas que recuerdo con mas carinyo, las columnas de Millas cada viernes en el Pais. Ahora las remiro todas las semanas, y es como estar alla nuevamente.

(Puede que en julio acabe por tu tierra, comadre. Seguiremos informando)

Diego dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Diego dijo...

Está claro que la realidad de los teletipos nos hace olvidar nuestra propia realidad, más aún si es mala. El oficio es un gran refugio para nuestras inseguridades y problemas. Eso hay quien no lo asimila como debe y acaba como decía Manuel Leguineche, asociado a la triple D: "divorciados, depresivos y dipsómanos". Gran artículo de Millás, buen escritor, fantástico columnista.

Ariza dijo...

Si no nos da ni la luz del sol, ¿cómo vamos a ver claro lo que nos pasa alrededor? ¿Cómo si sólo llegamos a la sesión golfa del cine? ¿Cómo si nunca tenemos horarios de gente normal, si no podemos quedar con los amigos, si apenas tenemos lugar para comer? "El visitante", llama el hijo de un colega al padre, con la guasa. No es sano el gremio nuestro, pero si no perteneciéramos a él no sabríamos hacer otra cosa. Sólo espero que mi chica no acabe adicta al Bourbon

Kacho dijo...

Es muy representativo, la verdad. Pero hay un dato impreciso. Lo que bombardeó Clinton para limpiar lo que ensuciaba su bragueta fue Serbia y Kosovo. Con lo que pasaba allí, podría haber acometido aquel "comportamiento inapropiado" un poquito antes. Nos hubiésemos ahorrado tantos muertos como espermas derrochados.

Anónimo dijo...

san Peckinpah dice:
Y eso que ya no hay periodistas "co-mo-los-de-an-tes", tan de "pinícula". Esos que fumaban como putas en un cabaré; que se bebían los solisombras doblados en tugurios infectos codo con codo entre la chorizada y el maderamen; que se aseaban poco y mal en los lavabos de la redacción (incluso ¡oh, dedicación y causa de divorcio! dormían allí); que juraban y blasfemaban como estibadores apóstatas; que tenían tinta en vez de sangre y de plomo -de linotipia- las calaveras... De este personaje mitológico (y por tanto irreal y "piniculero") me parece que sólo ha existido de verdad el sueldo misérrimo, las horas de 120 minutos y la jornada horizontal (por lo de ver la hora de salir en lontananza, allá en el horizonte...)
Muy bueno lo de "el visitante". Ese nene apunta para cogerle el relevo a su viejo.
SALUD

Juan Pablo dijo...

Con esas cosas hay que ser delicados. Indirecta o directamente se le echa la culpa al tipo este; aceptar la culpa en cosas como estas, está difícil. Al igual que aceptar que tu vida no es lo que creíste era... está aún más difícil. La gente odia las mentiras, pero la verdad, es aún más difícil de vivir.