jueves, 29 de octubre de 2009

Alfacar

La suerte de nuestro oficio es que, a veces, nos permite estar en lugares que son un regalo más que un escenario de trabajo. No es cuestión de "tocar la Historia", como decía ayer una compañera de Canal Sur, pero pisar el umbral de las fosas de Alfacar (Granada) en las que se cree que yace Federico García Lorca (con cinco fusilados más) supera la sensación rutinaria de cubrir una noticia. A un metro de donde pasas hay muerte, hay cuerpos que un día tuvieron vida, hay recuerdos pisoteados de familias que ahora buscan una reparación en forma de losa, de lápida. Duele la frivolidad con que nos enfrentamos a un enterramiento, por más que tenga apariencia de parque en calma, y el ansia y la expectación que provoca una muerte entre las 180.000 que, como mínimo, dejó la guerra del 36. Todos entramos en esa dinámica, porque llama el ansia de desvelar un secreto guardado durante 73 años, porque entendemos que dar con Lorca es una asignatura pendiente en el mundo entero, como demostraba la presencia en Alfacar de compañeros de Associated Press, France Press, The Times o el Frankfurter Allgemeine. Pero luego, al regresar, al reflexionar, me pareció que toda la emoción contenida en ese momento, toda la trascendencia, se murió en una guardia demasiado distendida. Quizá hubiera sido preferible un silencio como el que se vivía unos kilómetros más allá, en Víznar, el otro lugar que algunos expertos señalan como fosa de Lorca y los demás. Creo que, más que por frivolidad, la culpa de todo está en la imposibilidad de tomar conciencia de lo que supuso una guerra civil, en la extrañeza que supone imaginar esa ladera cubierta de muertos, ahora que en la zona proliferan los chalés, el color, la paz de fin de semana. Las nuevas generaciones no podemos ni intuir aquello, pensar que España entera era una fosa hace 73 años. Espanta sólo pensarlo. Por eso nos concentramos en la mediática espera. Todos lo hicimos. Aunque hoy el regusto que quede sea un poco amargo.

P.D.: Os dejo a la versión lorquiana de Ana Belén.-

7 comentarios:

Anuska dijo...

Mery, qué bonito escribes. Me da envidia que hayas vivido una experiencia tan hermosa, aunque triste. A ver si dan con los restos de esos hombres. Y con Lorca, que pase lo que tenga que pasar. Aunque estaría bien que no encontraran seis cuerpos...

Anónimo dijo...

Deberías citarte más!

Gordi dijo...

Si puedes rescatarlo, hace un rato he escuchado en Canal Sur una columna hablada fabulosa de Tico Medina (enooooorme granadino) sobre la búsqueda de Lorca. Da en el clavo. Como tú :)

Anónimo dijo...

san Peckinpah dice:
Decir que Eppaña era una fosa tampoco es del todo cierto. También era una cuneta, o un descampado en el Retiro, o las laderas de Montserrat y el Tividavo, o incineraciones en fábricas de cemento de Barcelona o montículos carbonizados con gasolina en Badajoz, o restos echados a los cerdos, o despedazados por las bombas en la carretera de Málaga... Si París era una fiesta, Eppaña una verbena. Eso sí, perder, perdimos los de siempre.
SALUD Y LIBERTAD (y memoria de verdad. Sabino Fernández Campo: fascista, ya que nadie lo dice...)

Juan Tal Vez dijo...

Redondo, compañera. Enhorabuena. ¡Ah!. Y date por envidiada porque a mi me hubiera gustado mucho estar también allí.

Esther dijo...

Qué gran poema, qué gran canciòn

Siramicor dijo...

Cuando te pones musical, siempre das en el clavo, compi