sábado, 17 de mayo de 2008

Desterrado del infinito

Decía Baudelaire que el domingo es un día desterrado del infinito. O sea, un animal muerto en mitad del camino, inanimado, blando e inútil. Toda mi semana ha sido un domingo, día tras día, una repetición de rutinas para mantener mínimamente la humanidad que se nos presupone. Lo demás, la nada. Ojalá al menos fuera la Nada, con mayúsculas, la de Ende, pero no, es la nada simple, la ausencia de vida, de ganas, de esperanza. Plana semana, cada minuto idéntico al anterior. Pura desidia, o dejadez, o ataraxia, que decía Baroja. Las palabras de otro escritor llevo repitiéndome como una letanía estos días: "Sonríe sin rencor a lo que te ha abandonado", dice Milosz. Pero ni por esas. No puedo hacerlo. Es demasiado peso, que gemiría Porthos. Sólo la risa salvadora de los amigos ha puesto alguna luz en las horas opacas, sucias. Sólo así he evitado mirar el reloj, ver que el tiempo me come y me arrolla. Nunca una ciudad tan grande se me hizo tan pequeña. Nunca una habitación con tanta luz fue tan opresiva. Nunca el ansia me quitó así las energías. Porque es el infinito lo que está en juego, porque me va la vida en ello. Habrá que respirar una vez más y reanudar la espera. A lo mejor tengo que ir a beber agua de San Isidro y se me pasa. A lo mejor es que tengo mucho cuento.

4 comentarios:

Mario dijo...

Vufff, teniendo en cuenta:
a) la hora que es
b) que estoy medio borracho
c) que esta noche Ana me ha dejado por sus amigas
d) que soy el peor tio de la tierra para dar ánimos
Pues no esperes que te remonte la moral, pero por lo menos que sepas que deseo que todo mejore, porque seguro que todo mejorará y pronto. Mañana te digo algo más bonito y más sobrio. Ah, no, que ya es mañana, ups

Mariana dijo...

arriba arriba arriba!!!!

Pitu dijo...

Pues cierra el cuento

Antonia dijo...

Grita: ÁNIMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!! (...)Y soles y más soles que aguardan el preciso colorín colorado de los cuentos. INMACULADA MENGÍBAR