miércoles, 12 de marzo de 2008

Tara

Se montó en la furgoneta blanca sin rechistar, pero lanzando atrás una mirada de recelo. A lo mejor era cansancio. O pura resignación. El caso es que se fue de casa, siguiendo a un señor de bata blanca, y nunca regresó. Eran las cinco y poco de la tarde de hace un año. A las ocho, una inyección letal la durmió en silencio, llevándose por delante la infección, el dolor, el temblor, la fiebre. Aunque sé que no está, entro en casa y me parece mentira que no salga a mi encuentro, voy al patio y la siento a mis pies, negra, enorme, con sus patas de león, cortas por los cruces de la genética en su cuerpo de cocker spaniel. Hace un año que el veterinario me llamó y me dijo que tenía que elegir entre la ausencia de mi perra o su sufrimiento. En ese momento hasta te azota el latigazo egoísta que te dice que no, que no está tan mal, que mejor será esperar, que el maldito medicucho es un pesimista de cuidado. Ojalá hubiera sido así, pero no: el fallo en los riñones de mi perra, de Tara, era real, por eso llevaba cuatro días que no comía, que se bebía el Amazonas desesperada. Sé que no sufrió (mucho), pese a la mirada que me lanzó el último sábado, al acariciarla, cuando se quedó fija en mis ojos y empezó a tiritar de golpe. Me decía que se moría, que no podía seguir. Fue rápida como un rayo, pero la vi. Así que su marcha era más previsible de lo que quise reconocer. Era la mascota que conseguí tras 14 años de cuarteles decrépitos y pabellones minúsculos, al fin la promesa cumplida de que con la casa propia llegarían los perros. 13 años y dos meses estuvo con nosotros, fiel, poco sociable, sí, pero siempre pendiente, con las orejas en guardia. Era mi perra y hace un año que se me fue, aunque nunca se fue. Parece mentira...

7 comentarios:

Isabel dijo...

Parece mentira, cuánto podemos echar de menos a los chuchos. Yo he tenido dos (Hernández y Fernández), y ahora apenas los veo por estar en casa de mis padres... los añoro tanto! Son dos enanos feos que parecen ratas con pelo, pero son los míos. Así que, niña, te entendemos perfectamente

Borja dijo...

En infinidad de ocasiones son mucho mejores que los humanos. No me extraña que la eches de menos. Quien no entienda ese sentimiento por un animal es que no tiene humanidad.

Milu dijo...

Es que los chuchos somos geniales!

Blanch dijo...

Amore, sabes que durante 14 años tuve una perra en casa de mis padres que se llamaba Tara y era cocker? Se murió el primer año que estuve en Madrid. No se si alguna vez lo hablamos en la facultad pero me ha hecho gracia la coincidencia y me ha dado nostalgia de mi Tara leer tu post.
Un abrazo guapa!

Herblay dijo...

Joder Blanca, ni idea... Vaya coincidencia... La verdad es que no recuerdo si me lo contaste alguna vez. Por ahí andarán las dos ahora colegueando...
Que sepas que dar contigo es una de las mayores alegrías que me ha dado esta paginilla tonta en la que me desahogo a diario. Besos...

Nino dijo...

Ay....

Fátima Vila dijo...

Yo tb conocí a una Tara que me hizo muchos mimos en los juegos de la infancia... Era una perra de caza, de pelo muy brillante, como la tierra roja de Tara...
ay, los frikis del cine, los perros y el recuerdo colectivo...