martes, 16 de marzo de 2010

El norte del oficio

Ya me dio el aviso mi compañera Amalia Bulnes el jueves por la noche. Miguel Delibes estaba mal, peor que nunca, y su muerte era inminente. Estábamos preparando el congreso extraordinario del PSOE-A, o lo que es lo mismo, llevábamos días encerrados en la irrealidad de la pelea política. Su llamada me bajó a la tierra, a la calle, a la verdad, en un instante. Nos fuimos con el cansancio en el cuerpo y la cabeza puesta en repartos territoriales, currículos y afinidades, en familias socialistas, en cuotas y caprichos. Despertamos temprano, y la noticia se confirmó. Delibes -la vida, el periodismo-, se había ido. Decir que lo adoraba es poco (sí, ya sé que soy una maldita mitómana, pero esto es distinto). Toda la vida llevo soñando con un periódico dirigido por don Miguel, con reporteros como Manu Leguineche y cronistas del nivel de Pacumbral. Aquel Norte de Castilla era, es, mi norte particular. Su mayor virtud era ser calle, ser pueblo, por eso sabía verlo y contarlo, porque nunca se engoló con el tono de los poderosos ni se le enredaron los pies en las alfombras del mando, sino en el fango del pobre, en la acera rota del vecino. Otros han descrito con maestría su valor para el oficio y para la literatura, así que poco importan mis palabras. Da igual, pero a vosotros os cuento que sé de memoria párrafos sobre la libertad de El hereje, que si tengo conciencia social es por leer Los santos inocentes con 14 años (ese campo castellano, tan similar al de mis padres), y que no me canso de usar Madera de héroe, el mejor alegato pacifista de la historia, en mi argumentario. Se ha ido la voz, pero queda el eco, se suele decir. Pese a ello, hoy el oficio, sin él, es más pobre, menos claro, más artificioso. Volvamos al origen, reaprendamos del Nobel sin Nobel, del alma del periodismo y del castellano.

P.D.: La portada, de Público.-

5 comentarios:

Gordi dijo...

Estaba esperando que aparecieras de nuevo (muy mal hacernos esperar, pero que muy mal) para ponerte este artículo que, imagino, no has visto, mientras tenías los ojos puestos en Griñán:
http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/518/la-orquesta-del-titanic/
Ahí va, por los periodistas que aún resisten el iceberg y la marejada.
(Desde mi Puerto, otra vez...)

Siramicor dijo...

Perdida!

Cris dijo...

Creo que aquella redacción fue de mentira, o no tan idílica como nos queremos plantear. A lo mejor Delibes era un mal jefe y todo. Pena de despedida, eso es verdad. Yo me quedo con Los santos inocentes y Cinco horas con Mario. Me parecía un gran señor

Anónimo dijo...

Rengel, ¿has leído "Delibes, a lo lejos", del Muñoz Molina, en el Babelia de ayer sábado? La comparación que hace del carácter del maestro en relación con las actitudes chulescas de otros escritores españoles puede ir por autores como Cela, ¿pero también por autores como tu otro maestro, el Reverte, o no? Que no lo sé, eh, que te pregunto a ver tú qué piensas...

Herblay dijo...

Pues colega desconocido, sí, leí al gran Molina, pero no, no tengo ni idea de si va por el Jefe (que es un rato chulo, a la entrevista digital de el mundo me remito: http://www.elmundo.es/encuentros/invitados/2010/03/4094/). Pero me han contado que AMM y APR no se llevan especialmente mal; de hecho, hasta compartieron confidencias sobre si al de Cartagena le gustó o no la adaptación de Díaz Yanes de su Alatriste (que no le gustó del todo, por lo que cotilleó el de Úbeda una vez que por aquí se dejó caer). Gran artículo, vaya por quien vaya.