lunes, 14 de septiembre de 2009

Las caricias del poder

Me aterra que un político me felicite por una noticia. Me echo a temblar cuando me dicen que les ha gustado un enfoque, un titular, una historia. Y más aún, si el piropo tiene que ver con una información de su negociado. Entonces me dan ganas de abandonar. Algo estaré haciendo mal cuando caen estas caricias que ponen los pelos como escarpias. No sé si son prejuicios, prudencia o que siento como un perro apaleado (la experiencia acumulada), pero en esos casos trato de agarrarme a la dignidad de otros colegas para mantenerme a flote. Pienso en una anécdota que me contaron en la etapa defensiva sobre Antonio San José, no sé si cierta. Estaba entrevistando al entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, y el socialista se sentía muy cómodo con las preguntas, y así lo hacía constar. Al tercer "me alegro de que me haga esa pregunta", el periodista cogió su libreta, su boli y su grabadora y se levantó. "La entrevista se ha acabado. Si a usted le placen mis preguntas es que algo falla. Las cuestiones de un periodista no deben agradar tanto a un político", le contestó, más o menos. No he tenido yo esas agallas para decirlo. Pero lo pienso. Voy a rumiar un rato mis dudas.
P.D.: Ay, quién pudiera estar esta tarde en Chiclana de la Frontera...

4 comentarios:

Lazarov me marea dijo...

si va a resultar que no te tira la redacción y tiendes al "cabinete", jajajaja

Miguel dijo...

Tú no eres nada dudosa de ser afín al poder. Quédate tranquila, compañera. ;).*

Siramicor dijo...

Los que te hemos visto en un gabinete sabemos que ni aunque un político sea tu jefe te dejas arrastrar. Eso del carné está para otros. A los buenos sólo les interesa el trabajo bien hecho. Como te dice el amigo de Mafalda (gran avatar), no dudes

anuska dijo...

Para dejarse comprar hay que valer, no es el caso. Muy buena anécdota la de San José (por cierto, ¿junto o separado?)