lunes, 13 de abril de 2009

El chino

"Birgitta Roslin dio un respingo. Se distinguía al hombre perfectamente. Un hombre chino que llevaba un abrigo oscuro. Por un instante, el sujeto alzó la vista hacia la cámara. Fue como si mirase a Birgitta a los ojos". No soy Birgitta, pero ese chino de ojos penetrantes me mira igual. Dios, qué escalofrío. "Y le dio la impresión de que el hombre estaba alerta en todo momento". ¿Por qué mira así al pasillo? ¿Por qué remira a las azafatas? "Un hombre con el cabello muy corto, mirada intensa y labios apretados. Movimientos rápidos, vigilante". Es él. Es el asesino de 18 ancianos y un niño en Hesjövallen. Y yo no puedo bajarme del tren hasta dentro de dos horas y media. ¿Qué hago? ¿Cómo escapo? Hay que seguir leyendo, para que todo pase. Más y más páginas salvadoras. En destino, el chino ha muerto en África y todo ha acabado. Pero es sólo el chino de Mankell. El mío me sigue mirando con ojos brillantes y pequeños mientras bajo la maleta. Hay que correr, correr, correr. Nunca el viejo coche de mi padre me pareció tan acogedor.

3 comentarios:

Juan dijo...

Jajaja... Qué miedo! Mira bien por la calle, no vaya a ser que te siga.
Abrazos tarifeños

Siramicor dijo...

Si vivieras en Madrid aún te llevarías ese susto a cada minuto... Ya me comentarás el libro, a mí me ha decepcionado

Ariza dijo...

Bueno, Carmela, bueno...