lunes, 6 de abril de 2009

Adiós, maestro

Ha muerto Chano Lobato. Un enorme cantaor y, sobre todo, el señor más entrañable que me he topado en las tres Bienales que he tenido la dicha de cubrir. Pura alegría. Ahí van unos tanguillos en su memoria. Adiós, maestro.


"Chano Lobato era tan buena gente, que hasta La Pálida se ha encariñado con él y no se lo ha llevado de una forma chunga, descomponiéndole el rostro y matándolo de dolor en la cama: el genio de Cádiz se quedó como dormido mientras su hijo Chanito le colocaba bien las piernas para que durmiera a gusto esa noche, su última noche. No quería ver a nadie, llevaba algunos días evitando las visitas porque Chano era muy coqueto. Y ahora, ¿qué? A Caracol le preguntaron una vez que qué ocurriría el día de su muerte y el hijo de Manuel el del Bulto respondió como sólo podía hacerlo alguien que sabía que no era menos importante que Dios, como es corriente en los genios del cante: "¡Ojú, qué lío!" Y fue un lío, ciertamente, sobre todo porque a Caracol lo esperó la muerte agazapada detrás de un árbol de la carretera Madrid-Salamanca en una noche de ventisca y aguacero.
A Chano no. Don Juan Ramírez Sarabia se ha ido muriendo poco a poco, como el remate de una granaína de Chacón, para que fuéramos haciéndonos a la idea y sufriéramos menos su adiós definitivo. Pero no deja de ser un lío porque, ¿cómo vamos a poder sobrellevar la ausencia no ya de un genio del arte como el de Cádiz, sino de un ser humano como Chano, de un hombre al que nunca pudimos imaginar con un fúnebre velo en la mirada, en vida, como el que tendrá ahora, porque sus ojos eran la luz de Cádiz y en su anchurosa sonrisa cabía el cielo entero. A determinadas edades uno tiene que estar preparado, no ya para irse de este mundo medio podrido, en cualquier momento, sino para ver cómo se van los amigos y los familiares más queridos.
Reconozco que casi todos los días pensaba en Chano, en qué sentiría cuando una llamada de teléfono me diera la noticia, como cuando me dieron la de Chocolate o la de Valderrama. ¡Qué quieren que les diga! Ahora mismo tengo el corazón como si me lo hubiera pisado un mastodonte, aplastado como se estruja de un pisotón una fruta madura sobre la tierra. Algunos creen que la relación del artista flamenco con los críticos es fría como una navaja vellera, distante y siempre interesada. Algo de verdad hay en eso, sinceramente. El artista sólo quiere al crítico para que pregone sus virtudes y encubra sus carencias.
Pero con Chano era imposible esa frialdad y falsedad. Ante una crítica poco favorable, que las hubo a veces, Chano Lobato te veía y te decía: "Tranquilo, picha, que yo sé que no soy Gayarre", para que no te cortaras en su presencia después del garrotazo.
No era Gayarre, claro, pero nadie ha cantado nunca con más pellizco, con más arte y con más gracia que Chano todo el cante de Cádiz y parte de Andorra. Con su ojanilla, que, como buen gaditano, le salía con una naturalidad increíble y la convertía también en arte. Pero tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un gaditano tan puro como Chano Lobato. Y no me refiero a la pureza del cante, en la que apenas creo ya porque lo jondo hace siglos que vendió la virginidad al diablo.
La pureza de Chano estaba por encima de las soleares de Paquirri el Guanter y las bulerías de Luisa Butrón. Él era la pureza personificada, un hombre del sur que supo armonizar como nadie el arte de cantar con el de ser feliz y hacer felices a los demás. Lo vamos a llorar por eso y no porque fuera el Gayarre del cante. ¡Qué más hubiera querido Gayarre, que parecerse en algo al Tío Chano!

Manolo Bohórquez. El Correo de Andalucía.-

2 comentarios:

Anuska dijo...

Vuestro Bohórquez, como siempre, un crack. Uno así, con vida y sangre, quiero en mi periódico. Y lo de Chano... Pena, penita, pena. Siempre me ponía alegre cuando lo escuchaba

Gordi dijo...

Es Cádiz puro, todo él lo es. Me niego a hablar en pasado de un hombre que es vida en cada átomo. Voy a ponerme unas alegrías para no acordarme de que no está. Descanse en paz el maestro