lunes, 27 de octubre de 2008

Cortázar


A un dios desconocido
Quienquiera seas
no vengas ya.
Los dientes del tigre se han mezclado a la semilla,
llueve un fuego continuo sobre los cascos protectores,
ya no se sabe cuándo acabarán las muecas,
el desgaste de un tiempo hecho pedazos.
Obedeciéndote hemos caído.
-La torre subía enhiesta, las mujeres
llevaban cascabeles en las piernas, se gustaba
un vino fuerte, perfumado. Nuevas rutas
se abrían como muslos a la alegre codicia,
a las carenas insaciables. ¡Gloria!
La torre desafiaba las medidas prudentes,
tal una fiesta de estrategos
era su propia guirnalda.
El oro, el tiempo, los destines,
el pensar, la violenta caricia, los tratados,
las agonías, las carreras, los tributos,
rodaban como dados, con sus puntos de fuego.
Quienquiera seas, no vengas ya.
La crónica es la fábula para estos ojos tímidos
de cristales focales y bifocales, polaroid, antihalo,
para estas manos con escamas de cold-cream.
Obedeciéndote hemos caído.
-Los profesores obstinados hacen gestos de rata,
vomitan Gorgias, patesís, anfictionías y Duns Scoto,
concilios, cánones, jeringas, skaldas, trébedes,
qué descansada vida, los derechos del hombre, Ossian,
Raimundo Lulio, Pico, Farinata, Mío Cid, el peine
para que Melisendra peine sus cabellos.
Es así: preservar los legados, adorarte en tus obras,
eternizarte, a ti el relámpago.
Hacer de tu viviente rabia un apotegma,
codificar tu libre carcajada.
Quienquiera seas
no vengas ya.
-La ficción cara de harina, cómo se cuelga de su mono,
el reloj que puntual nos saca de la cama.
Venga usted a las dos, venga a las cuatro,
desgraciadamente tenemos tantos compromisos.
¿Quién mató a Cock Robín? Por no usar
los antisudorales, sí señora.
Por lo demás la bomba H, el peine con música,
los detergentes, el violín eléctrico,
alivian el pasaje de la hora. No es tan mala
la sala de la espera: tapizada.
- ¿Consuelos, joven antropólogo? Surtidos:
usted los ve, los prueba y se los lleva.
La torre subía enhiesta,
pero aquí hay Dramamina.
Quienquiera seas
no vengas ya.
Te escupiríamos, basura, fabricado
a nuestra imagen
de nilón y de orlón, Iahvé, Dios mío
Salvo el crepúsculo, Julio Cortázar.

6 comentarios:

el bit errante dijo...

Cortázar... Ay...

Meritxell dijo...

Es fantástico. Conocía los versos, pero no el libro. Por cierto, muchas gracias por el enlace de Poe.

Borja dijo...

Compañera, cómo sabes ponerle la nota elegante al día. Esta noche brindaré por don Julio leyendo algún fragmento de Historias de cronopios y de famas, que es mi favorito. Abrazo

Juan D. dijo...

ah el gran Julio, otro argentino (los otros son Borges, Rosas, San Martin...) que se ha ido a morir otra patria


saludos

Kacho dijo...

Bien traído el recuerdo. Me encantan estas entradas en las que alguien comparte algo íntimo que tiene la capacidad de conmover. No todo van a ser hostias a la conciencia... ¿o sí? Sigue así, hermana.

Siramicor dijo...

No deja de maravillarme tu buen gusto. Decididamente, siempre hay que volver a don Julio. Me alegra ver vecinos argentinos