Por la pureza del sufragio electoral
Notas para el elector(Toledo, 10 de abril de 1931, Archivo Municipal de Toledo).
El voto, como el beso a la mujer, se podrá dar, pero no se debe pedir.
Pedir personalmente el voto, es osadía; forzarle es atropello; arrebatarle, es humillación.
La compra del voto castiga la ley; la venta, la castiga la conciencia.
Comprar el voto al hambre es tan indigno y bajo como comprar a la miseria la virtud de una mujer.
La plata que se deja a escondidas en la mano del perjuro a un ideal, suena a acusación y brilla apagada como la vergüenza.
Al que pretenda comprar vuestro voto consideradle como indigno de vuestro respeto. Y si es amigo, como mal amigo porque desmiente su amistad al poneros en el trance de perderla.
Decidle que el ideal es flor del cerebro, y que la amistad es patrimonio del corazón.
Decidle que la misma distancia hay que salvar para llegar de vuestra amistad a su política, que de su política a vuestra amistad.
Decidle que la amistad verdadera no pide; concede.
El elector que vende su voto está incapacitado para exigir austeridad y buena administración al elegido. Recibirá, ahora, de éste el halago y el dinero. Más tarde, el desprecio; porque hacer del ideal mercancía es tan despreciable como negociar con el amor.
Al que intente torcer el rumbo de vuestra voluntad, tratadle con piedad si sois piadosos; con desprecio, si sois débiles; con doblez, si sois timoratos; con violencia de dignidad ultrajada si sois libres.
El voto honrado y libre cae en la urna como un vuelo de águila. El voto indigno busca el rincón más oscuro para ocultar el sonrojo de su indignidad.
Dejar de votar es indiferencia suicida o cobardía manifiesta. El papel en blanco está pidiendo una pluma honrada para escribir en él una palabra muy fuerte.
Votar noblemente es decir que el pensamiento es libre, que la voluntad es soberana, que el hombre es hombre.