domingo, 30 de agosto de 2009

La evolución de Darwin

Darwin tiene 26 años y llegó a Sevilla desde Nigeria hace tres. Vino con visado de turista, pudo engañar a las autoridades con su pinta de estudiante aplicado. Venía con el título de biólogo en el bolsillo, por eso sabe perfectamente quién es el Darwin con el que comparte nombre. Pero es biólogo sólo en sueños, porque poco le vale su papel en este país en el que es un "sin papeles". Ahora se dedica a sobrevivir en el semáforo que cruzo cada mañana camino del periódico. Al principio se apartaba, tímido, cuando pasaba. Como un caballero. Ahora, con los días, saluda con un "buenos días" rotundo. Un hombre eternamente sonriente, pensaba yo. Eso fue hasta que me paré unos minutos a su vera y me contó. Cuando supe de la novia, la madre, los siete hermanos dejados atrás. De la nostalgia de la universidad, de la persecución del hambre, de los esfuerzos para lograr un billete de avión y evitar la patera. De la mafia que ahora lo atenaza y lo obliga a estar pasando frío y calor en su esquina, pase lo que pase, entre 1o y 12 horas diarias. Dice que por ahora se conforma con comer, con poder enviar un pellizco a su familia, con sobrevivir. Dice que está aprendiendo a leer en español gracias a un vecino suyo, de Los Pajaritos, que lo trata como a un ahijado. Dice que quiere papeles para ser libre. La historia de cada semáforo de Sevilla, la reina de este fenómeno del dolor concentrado en un paquete de Colhogar.

5 comentarios:

Tú o yo dijo...

pedazo de historia

Siramicor dijo...

Pues sí, hay muchas "pedazos de historia" en esas esquinas vuestras. Qué ciudad...

Arantxa dijo...

Hermoso y duro. A ver si lo contratan por uno de esos parques naturales tan hermosos que tenéis por el sur. Seguro que le echa cariño al tema.

un beso

Borja dijo...

Qué bien cuentas las cosas, jodía. Qué tristes son las cosas de la calle.

Ariza dijo...

Grande, Rengela