miércoles, 27 de febrero de 2008

La verdad está en Nevada

"Sin embargo, hay un dato en este artículo que es cierto. Al parecer hay un estado en este país que se llama Nevada". La frase proviene de El precio de la verdad, de Billy Ray. Os pongo en contexto: la película se basa en el caso de Stephen Glass, un jovencísimo redactor de The New Republic que cada semana conseguía las mejores historias para su revista. Personajes originales, coincidencias tremendas, entrevistas dramáticas. Todo le caía en las manos. Qué gran periodista era. Grande hasta que un reportero de la competencia, Adam Penenberg, enfadado tras recibir el chorreo de su jefe por haberse tragado una noticia dada por Glass, empieza a indagar y averigua que todo es mentira. Que ni una línea de su artículo sobre piratas informáticos era cierta. Nada. Ah, sí, hay una verdad: Nevada existe. A partir de ese descubrimiento la carrera de Glass se tambalea y acaba despedido. De los 41 textos publicados en su revista, 27 resultaron ser total o parcialmente falsos. No es una historia de película, sino uno de las grandes mentiras del periodismo contemporáneo.


El film no es gran cosa, aunque entretiene y, sobre todo, apunta claramente algunos de los grandes males del oficio. Lo vi hace días y me ronda sin parar. Hay actitudes de honradez impensable: un director que defiende a su trabajador a capa y espada cuando empiezan a poner en duda su trabajo, que le pide al redactor sus notas para comprobar lo correcto de la información, que mueve Roma con Santiago para dar con las fuentes de ese redactor y así demostrar que lo que escribió era cierto. Fe ciega a prueba de pruebas. Claro, así se la pegó. Me gustaría pensar que hay directores dispuestos a blindar así a uno de los suyos antes de poner en tela de juicio su trabajo. De hecho los hay. Lo sé. Pero debería haber más... Es tremendo ver a esa pareja de redactor y dire visitando los lugares donde supuestamente se había celebrado ese congreso de hackers inexistente. ¿Pero aquí caben 200 personas como decías en el artículo? Ah, conque este sitio cierra en domingo... ¿ese congreso no fue en domingo? Ya, que este no es el prefijo de Nevada y tu fuente se supone que era de allí. Ya, que has perdido tus notas. Ya, que no encuentras a tu fuente porque te salta el contestador. Vaya, conque cenaste con tus fuentes en un restaurante que cierra a las tres de la tarde... Todo se responde igual: "Me la han jugado, me la han jugado". Qué actorazo el Glass este.

Es impagable asistir al rosario de mentiras del tipo, asediado ya por un director que desconfía y por el periodista de la competencia, de Forbes, que le desmonta la noticia. Y la escena final de ese dire revisando un año de revistas y parándose a ver mentira tras mentira, roto, sentado en el suelo viendo las que le habían colado sin verlas... "Nos entregó ficción tras ficción y lo publicamos como cierto. Es indefendible", dice. Lo peor es que en esta revista cada texto pasaba por las manos de unas 20 personas antes de imprimirse, ya no sólo para revisar erratas, sino para constatar la veracidad de las informaciones. Adivinad quién era el redactor más detallista con los textos de los demás... Hasta los abogados de la revista analizaban las noticias por si tenían alguna repercusión legal. ¿Alguien conoce algún ejemplo parecido en España?


Es tenso el momento en el que toda la redacción (novia de Glass incluida) parece que se pone a favor del mentiroso, en contra del "vengativo" director. Y emociona ver que cuando encajan el golpe y se dan cuenta de quién ha engañado y quién es justo, todos a una arropan al jefe y firman una disculpa a los lectores. "Tiene gracia. Creía que tendría que explicároslo todo", dice el dire. En junio de 1998 The New Republic publicó esa nota de excusas. Dos directores habían sido engañados: Michael Kelly, quien contrató al primo, hombre al que echaron de TNR por criticar al Murdock de turno, y que acabó muriendo en Irak mientras cubría la guerra en 2003; y Chuck Lane, quien destapó el montaje y que hoy sienta cátedra en The Washington Post. En mayo de 2003, licenciado ya en Derecho por Georgetown, el señor mentiroso publicó un libro, The fabullist, en la que tenía el rostro de novelar su hazaña. El chico campero que acaba firmando en la única revista que viaja a bordo del Air Force One. El sueño de triunfo americano. La mentira en su quinta esencia. El problema no es Glass, al que pillaron, sino los infinitos Glass repartidos por las redacciones del mundo.



Os dejo buena leña:
http://www.forbes.com/1998/05/11/otw3.html (Adam Pennenberg. El artículo de Forbes que desmonta la primera mentira sobre el congreso de piratas informáticos).

http://amsterdam.nettime.org/Lists-Archives/nettime-l-9805/msg00034.html(Hack heaven: el texto del engaño que desata la caza).



http://iusandlaw.blogspot.com/2005/09/dime-mentiras-dulces-mentiras-parte-i.html (Una página muy completa que he encontrado a través de Google y de Claudia, una estudiante de Periodismo que apunta maneras y que escribe aquí: http://ccb86.blogspot.com/2007/04/el-caso-de-stephen-glass.html).


4 comentarios:

Anuska dijo...

http://www.razonypalabra.org.mx/inmediata/2003/junio.html

En el enlace anterior encontraréis la historia de Jayson Blair, un periodista de The New York Times que vino a hacer lo mismo que Glass. De hecho, ambos casos se estudian hoy en las universidades de EEUU como ejemplos de lo que no hay que hacer en nuestro trabajko.

Esmeralda dijo...

Pues nada, que esto es como aquello de Telemadrid con el paso de inmigrantes sin papeles en el aeropuerto de Barajas. Son las pequeñas y grandes mentiras que todos los días se cuelan en la prensa por la picardía del redactor, su vagancia las más de las veces, y la negligencia de los jefes, a los que sólo les interesa rellenar y rellenar. A los que nunca entenderé es a aquellos que pudiendo hablar con la gente, entrar en contacto con ella, prefieren pasar e inventarse un testimonio. ¡Pero si eso es lo más rico que tenemos en este trabajo! He visto a mil compañeros pasar de una manifestación y fabular las declaraciones de un jornalero, un estudiante, un jubilado, mientras se toman una caña y de lejos suena el megáfono. Qué decir de esos periodistas que vuelcan el teletipo de otro y lo firman sin que le suban los colores (son muchos y de nombre reconocido los que lo hacen). Pequeños granos de arena de la mentira. Vicios del oficio que no nos quitamos de encima. Pocos se aplican la frase que un día nos enseñaste, la que decía Ramón Lobo creo, eso de que con barro en los zapatos se escribe mejor. Ya no lo parece, la peña prefuere el hotel, la inventiva y la cara dura

Espe dijo...

No estamos tan mal. Reivindico el trabajo diario bien hecho. Tengo una redacción alrededor en la que encuentro veintemil ejemplos de que esas mentiras son sólo residuales. Una cosa: ¿dónde has conseguido la peli? Besotes

Herblay dijo...

Pues mira, la peli la dio la revista Tiempo hace cosa de dos semanas. Si la pides en el kiosco igual te la traen aún. Como comprnederás no te recomiendo el pirateo... aunque sé que estar, está en la red