jueves, 7 de mayo de 2009

Clase magistral

Diego Suárez, subdirector de El Correo, y Miguel Ángel Aguilar, secretario general de la APE.
José Manuel Cabello (El Correo).-
La clase magistral de Miguel Ángel Aguilar convalida, al menos, un curso entero de carrera. El secretario general de la Asociación de Periodistas Europeos, colaborador habitual de la Cadena SER, El País y La Vanguardia, regaló a los alumnos de la Hispalense una conferencia en la que las batallitas se enlazaron con fórmulas matemáticas –la herencia del físico de carrera que es– con un mismo fin: diseccionar el oficio y mostrar al auditorio cuatro verdades clásicas del periodismo, del de tinta, del digital y del que se precie.
Maestro total, tomó el rotulador y explicó, entre quebrados y multiplicaciones, su concepción de lo que es noticia, una mezcla entre rareza y probabilidades invertidas, sumadas al interés por lo cerca que acontezcan los hechos y el lugar donde se edite un medio. Una amalgama de elementos que se resumen en uno: "Tener criterio". "Es lo fundamental para que, en la inmensidad de hechos que podemos seleccionar como noticia, elijamos y los difundamos". Puro sentido común. Esa tarea de separar el grano de la paja es la que, a su juicio, salvará al periodismo, porque lo mantendrá como necesario, soplen los vientos que soplen. "Vivimos inundados de información pero falta lo que en todas las inundaciones: el agua potable. Ése es el papel del periodista: depurar las aguas, hacerlas potables para que la acumulación de noticias derive en conocimiento. Nuestro trabajo es eso", resumió.
Lo dijo al final de su intervención, cuando concentró su diagnóstico sobre el oficio que él mismo eligió. A saber: que no hay que "lanzar oraciones fúnebres" sobre el periodismo, sino "un canto feliz", porque el periodismo estará vivo "mientras sigamos pegados a este planeta". Que sólo van a sobrevivir en este maremágnum los medios "que se adapten a las nuevas tecnologías". Que el debate no es papel o web, sino saber qué es el oficio y cómo se desempeña –"El fenómeno por el que se obtiene la luz varía de un candil a un enchufe, pero el contraste entre la luz y la oscuridad permanece, y ese contraste es el que debe mostrar el buen periodismo"–. Que la clave para aguantar el vendaval será el "prestigio" de los medios y su compromiso con el público. Que el "marco de referencia que aporta la prensa" debe ser para la sociedad una garantía de salvación "entre el caos y la ininteligibilidad" de la información en masa. Que periodista es cualquiera que está en el oficio y cumple con el cometido de depurar las informaciones y atender a sus audiencias. Que hay que huir de la comodidad de los gabinetes, "porque toda nota de prensa es un intento de intoxicación". Que hay que recuperar la "mirada libre" frente al corsé que imponen las instituciones. Que no se puede desertar de estar en el lugar en el que ocurren los hechos, y no en la cómoda redacción.
Su letanía buscaba la complicidad de los jóvenes en su visión del oficio, al que mira aún "con veneración". "Pese a las complicaciones, vale la pena. Aquí uno no se hace rico, pero las satisfacciones que logra son tan altas que son incomunicables", concluyó. No hacía falta que lo dijera expresamente; sus recuerdos del 23-F, de las noticias cazadas al vuelo en un bar, de la suerte que acompaña a veces a una exclusiva y de las visitas constantes a las fuentes habían sido ya suficiente alegato para seguir adorando el periodismo.

(En las jornadas organizadas por El Correo de Andalucía con motivo de su 110 aniversario).-

7 comentarios:

Juan dijo...

¿Por qué no te lo firmas, prima, si lo has publicado tú? Sin ser periodista, me gusta este Aguilar. La columna del Hora 14 especialmente. Eso me pasa por criarme con tu Ser.

P.S.: tenemos un operativo fantástico el mes que viene en Tarifa, con gente de Mauritania, Marruecos y Senagal. Te aviso por si te interesa ir o hacer una nota

Anónimo dijo...

san Peckinpah dice:
Para clases magistrales, las que va a dar el Julián Muñoz sobre corrupción y periodismo en la universidá Campechano I... Yo creí que la universidá no podía tocar fondo, pero se ve que con el tiempo, una caña y una pala se pueden lograr cotas insondables de indignidad... A cavar, a cavar, hasta enterrarlos en el mar (la fosa de las Marianas son sólo once kilómetros de sima oceánica... Ya queda menos).
SALUD

Siramicor dijo...

A veces es un poco demagogo... pero es grande, no se puede negar

Anuska dijo...

Qué bien escribe mi niña!!!

Nino dijo...

Qué te gusta, qué te gusta!!! Qué malo, el vicio, jajaja

Marisa dijo...

Quizá es demasiado protector con el grupo que le paga, pero bueno...

Marisa dijo...

Ah, San, mira lo de Muñoz. Qué desfachatez de país. http://blogs.periodistadigital.com/politica.php/2009/05/08/ciencias-exterminio-corrupcion-ladrones-6868

(para no ser periodista, entre todos me estáis engatusando con estas cosas)