viernes, 4 de abril de 2008

Griffiths


Los ojos de la guerra de la primera mitad del siglo XX son los de Robert Capa. Una mina en Indochina se los cerró en 1954. Los ojos de la guerra de la segunda mitad del siglo XX son los de Philip Jones Griffiths. Un cáncer se los cerró el pasado miércoles a los 72 años. Así queda enterrado el mejor fotoperiodismo de los últimos cien años. Dicen que la sangre galesa hacía a Griffiths irascible a ratos, taciturno a ratos, tierno a ratos. No sé si será la sangre, pero es cierto que sus imágenes guardan esa dualidad, tan complementaria en la guerra. Vietnam fue su consagración, el mejor recuerdo que deja tras cincuenta años de disparos. Desde pequeño le gustó pasear su Kodak Brownie por sus calles, las de Rhuddlan, pero acabó estudiando Farmacia porque le veía poco futuro a esto de la fotografía. Daba igual. Cuando la voluntad y la vocación son más fuertes que la estabilidad, que la rutina, pasa lo que pasa. Que uno acaba convertido en fotógrafo, por ejemplo. Empleado a tiempo parcial en The Guardian, reportero en su periódico hermano The Observer, presidente de la Agencia Magnum... Con los años asentó una visión humanista y utilitarista de su oficio. Que el oficio de mirar también debe servir para denunciar, para arrastrar a la compasión, para mover conciencias. Su fotografía limpia, sin artificio, no puede estar más lejos de la demagogia o de la pose. Esa mirada la dan los años en Argelia, en Vietnam, en Oriente Próximo, en Camboya.
Se ha ido el hombre que aspiraba a pasar desapercibido: "Lo único que los fotógrafos desean más que la vida, que el sexo, que cualquier otra cosa, es resultar invisibles", recuerda hoy El País. Muchas otras sentenciass encontraréis en el blog de Zin. Y en este especial de Magnum hallaréis su trabajo sobre esa pareja perversa que forman los niños y las armas.
Son muchos lo que saben infinitamente más que yo sobre Griffths; yo sólo sé que lo que vieron sus ojos se fundió en mi memoria gracias a un reportaje de Gumucio en El País Semanal, hace por lo menos diez años. Y así sigo, enganchada a sus imágenes. La que os dejo no es la mejor ni la más representativa, pero me conmueve profundamente. Es la fotografía de una niña de 13 años, con espina bífida y retraso mental, agarrada a su muñeca en la selva de Vietnam. No es de los tiempos de la guerra, sino de 1998, de uno de los viajes posteriores del reportero al país que le dio la fama. Si os gusta, a la tienda a comprar Vietnam Inc. Y a ver si se para ya la mala racha, que nos están abandonando demasiados miembros de la tribu.

2 comentarios:

Nayb dijo...

Habrá que comprar ese libro si usted lo dice MUAKS

Gaya dijo...

http://barcelona.photobloggers.org/