miércoles, 2 de abril de 2008

Envidia

La calle Orense arde a las tres de la tarde. Hombres y mujeres trajeados, grises, uniformados, paseando maletines con cara de llevar encima secretos de Estado (y a lo mejor los llevan). Todo son prisas, acelerones, vistazos al reloj. Y entre esa masa uniforme, inquieta y agriada, allí, sobreviviendo, está el amor, la ternura, el sosiego. Concentrado en esa pareja de ancianos que camina lenta, suavemente, renqueando; no les hace falta bastón, les basta el brazo del otro. Ella es pequeña, delgada, va abrigadísima, coqueta con un par de horquillas en el pelo y su bolso casi infantil, rojo chillón. Él tiene pinta de James Joyce con su bigotito fino, el talle que un día fue espigado, hoy hundido por los años. Americana y pantalón de pinzas. Ellos sí miran a los que se cruzan, no clavan sus ojos en el suelo o en el infinito, como la mayoría de esos que vamos a lo nuestro en la ciudad. Ellos sí sonríen, sí respiran, sí viven. Los adelanto a mil por hora, que cierran la panadería, mientras descuelgo el móvil, que suena una vez más. Pero en ese reojo que les echo lo veo todo claro: así llevan mil años, lo han conseguido, están lo más cerca posible de la felicidad, con sus achaques, con sus dolamas, aguantándose en paz tras décadas de convivencia. Hay que ser fuerte, hay que ser respetuoso, hay que quererse mucho, para llegar a esa meta. La envidia me corroe, porque ellos, arrugados, lentos, torpes, tienen un tesoro. Inagotable parece. Como tantas cosas en la vida, ellos me han llevado a Reverte y a uno de sus artículos de El Semanal, El último ojal. Algo tiene que ver con esas manos trenzadas. Insisto, yo quiero esa lotería.

http://nocionesdevida.blogspot.com/2005/08/el-ltimo-ojal-apr.html

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Ve preparando un paseíto con nosotros este finde!

Herblay dijo...

¿Con quién? ¿Con el hombre invisible?

Mario dijo...

A lo mejor se querían tanto porque se acababan de conocer en el asilo. Confío poco en matrimomios felices tras 3, 4 o 5 décadas, así te lo digo. A lo mejor tienen alzheimer y por eso no se acuerdan de nada y sonríen. Ni puedo con los optimistas radicales ;)

Fátima Vila dijo...

buff... yo en madrid, siempre que el síndrome premenstrual me hacía detenerme ante similares estampas, me preguntaba: ¿Y esta gente será la que vota a Esperanza?
Lo digo porque es una buena forma para bajarse de la nube.
qué mala soy...

Herblay dijo...

Me habéis hundido en la miseria... No se puede ser tan boba, y eso que ni tengo el mal mensil que decía Cervantes... Vaya tela

Meritxell dijo...

Casi mejor lo de Pérez Reverte. Seguro que ella lleva media vida aguantando al prenda del Joyce. Mira que te pones bizcochona de vez en cuando