lunes, 16 de noviembre de 2009

Amanecer en Berlín

Dicen que los periodistas ahora son indolentes, comodones, que les angustia tener que mover el trasero de la redacción ante un suceso. Eso es, literalmente, mentira, porque no es lo que veo a diario a mi alrededor. Mala fama, que nos han echado encima. Sigue habiendo nervio y ganas. A lo mejor es que tenemos a quien emular. Un ejemplo: Paco Gil Chaparro, Enrique Cervera y Santiago Roldán. Tenían veintipocos cuando cayó el muro de Berlín. Trabajaban en un periódico "de provincias", que dicen en Madrid, pero entendieron que aquel acontecimiento histórico había que cubrirlo para su gente, para El Correo. Y allá se fueron, con sus medios, a su aire. A ver la historia pasar y a contarla. Estos días, 20 años después, han recordado aquellos días para la compañera María José García. Un reportaje emocionante que reconforta y enseña que quien quiere, puede. A ver si aprendemos.

P.D.: El del correo bajo el brazo es mi adorado Pacogil.

7 comentarios:

Cris dijo...

Buena historia. Produce orgullo que en un medio mediano (humilde, diría yo) surja este interés y los periodistas se comprometan de esa manera con la actualidad.

Esmeralda dijo...

http://www.periodistadigital.com/periodismo/internet/2009/11/16/los-periodistas-o-somos-guapos-y-sexy-o-feos-y-unos-pintas.shtml
Mira la imagen que se supone que tiene el personal de los de tu gremio...

reporterdos dijo...

Eso es lo que hay que hacer. Tomar el pepate y contar la vida. No sé si me entiendes...

Anónimo dijo...

san Peckinpah dice:
"Érase una vez un gran periodista. Cogía pepates -e incluso petates- y contaba unas vidas...¡qué vidas contaba! Una vez le dijo a su jefe que no estaría mal cobrar un poco más (o un poco, siquiera) porque además de contar vidas y bidones aguantando carros y carretas, tenía que pagar el alquiler, le gustaba comer un par de veces al día, calzar su cuerpo y vestir sus pies (sufría de dislexia textil), tomarse una cañita, comprarse un librito o ver una peliculita en sus ratitos libres (en diminutivo todo, pues eran pocos y cortos)... El jefe le enseñó la circular del consejo de administración y en ella ponía: "No sé si me entiendes". Entoces miró de soslayo, fuese y no hubo nada. Bueno, sí hubo algo: un periodista menos."
SALUD
P.D.
La semana que viene "El becarillo valiente (mierdastashechotú)"

Herblay dijo...

Amos a ver, San. Que ya sé que no es plan de ir por la vida regalando trabajo. Te lo digo por experiencia, que aún me duele la puñalada israelí. Mucho. Pero deja que un poco de romanticismo nos roce siquiera. Además, ellos por suerte hoy están muy bien colocados como para echar de menos aquellos duros... Lo que no quita para que tengas toda la razón

Arantxa dijo...

Mira, nena: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Israel/aprueba/construccion/900/casas/territorio/ocupado/elpepuint/20091117elpepuint_19/Tes

Yo a esro lo llamo negociar

Anónimo dijo...

san Peckinpah dice:
Lo siento y llámeme cínico si quiere (booooote, gracias), pero buscar "romanticismo" en el periodismo es lo mismo que buscarlo en una peli porno -para los que nunca hayan visto una, les reviento los finales: la chica no se casa con el chico (o con la otra chica, o con los otros quince chicos).
¿Habrá algo más "romántico" para alguien que le gusta leer que trabajar en una librería de viejo? Pues cuando mandas al encargado adonde Guti mandó a Pellegrini, te pagan y te sale la hora a 1'17 (sí, un euro diecisiete céntimos), pues qué quiere que le diga, el romanticismo no sale ni aunque le pongas violines. Peor lo veo en un trabajo, el vuestro, que requiere un mínimo de talento: soy de los que cree que la crónica o el reportaje o la entrevista son literatura.
SALUD