jueves, 19 de junio de 2008

Para el lechero de Ohio (o su variante, el albañil de Rochelambert)

"En la United Press tenía vigencia un solo mandamiento: "Escribe de manera que te entienda el lechero de Ohio". Me inscribí en un curso nocturno de periodismo. Los artículos no eran juzgados sólo por los profesores, sino también por un auditorio de personas corrientes. En cierta ocasión, uno de los asistentes me hizo públicamente una objeción que me pareció desprovista de fundamento. "Usted no ha entendido...", empecé. El otro dio un puñetazo en la mesa y, rojo de ira, chilló: "¡Si yo no he entendido significa que el imbécil es usted!". Aquel día yo, que venía de la Italia ingreída y autoritaria del fascismo, comprendí que había topado con la democracia".

Indro Montanelli, Memorias de un periodista (RBA).-

6 comentarios:

lacompetencia dijo...

Tú con tu albañil, yo con mi abogado de Los Remedios... Sin los lectores no somos nadie. Otro día opino a cara descubierta Karmela. Abrazo grande

Toñi dijo...

Un fascista reconvertido, pero muy grande

Óscar dijo...

El problema es que perdemos eso de vista, mi madre no se entera de la mitad de lo que escribo, y no hace más que decirme que sería más entretenido si trabajase con los del corazón. Cuando intento explicarle los temas veo que, además de ser incapaz de cambiar el tono prepotente de los periodistas políticos, tampoco le interesan lo más mínimo los temas de los que me toca hablar. Una pena, porque sólo escribimos para los poderosos y los compañeros de la competencia. Mucho que hemos caido en picado. Besos peque

Siramicor dijo...

Aquello de Delkáder (¿o era Gavela?) que tantas veces hemos hablado: que nuestro oficio es contarle a la gente lo que le pasa a la gente, y no lo que a uno le pasa por la cabeza. El problema es que no nos aplicamos el cuento. Y la teoría es pa ná. ¿Está bien el libro de Montanelli? Eso parece. Necesito ánimos profesionales con el sheriff...

Batalla dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Batalla dijo...

Los míos son los regantes de la huerta murciana y los especuladores inmobiliarios; dos gremios muy distintos, pero igual de paletos. La dignidad, sin embargo, es sólo de los huertanos y de los hombres de la mar. Ellos son mi sustento. Siento estar tan desastre y tan olvidadizo. Abrazo