viernes, 26 de noviembre de 2010

Enric González

Enric González lee El País mientras viaja de San Sebastián a Barcelona. Blog de Javier Moltó.-
Dejemos los remilgos a un lado. A veces el periodismo es un arma maravillosa para conocer a personas a las que, de otro modo, difícilmente podríamos acceder. Un camino fácil para tocar a quien se admira. No es muy recomendable, decía Patrick O´Brien, conocer a los ídolos, porque el mito se te puede ir al garete. Pero la tentación era demasiado fuerte y, además, sabía que esta vez el padre de Aubrey y Maturin se iba a equivocar. Muchos años adorando al mito como para no intentarlo siquiera. Y el mito, lejos de evaporarse, se ha agigantado. Enric González es infinitamente mejor de lo esperado. Es la humildad personificada, un tipo amable, afable, dicharachero, conversador fantástico, con una capacidad intensísima para escuchar, atento, intrigado. Curioso para aprender de todo, incluso de la sarta de obviedades y tonterías con las que esta que suscribe podía torturarlo. Con lo que han visto sus ojos podía estar endiosado, mirar el mundo por encima del hombro, darlo todo por sabido. Qué va. Parece un niño dispuesto a empaparse de cada brizna de saber que corra por su lado, sin límites, sin correcciones políticas, sin presiones. Que es valiente ya lo demostró con aquella antológica columna. Que es inteligente, certero, sensato, lo evidencia en cada crónica, ahora, desde Jerusalén. Lo que se intuía también es cierto: que le duele el oficio, que piensa y repiensa el periodismo, que admira a sus iguales (aunque se sonroje cuando se le llama "maestro" y "pastor" y ese tipo de cosas), que le brillan los ojos al contar cómo trabaja, por ejemplo, Soledad Gallego-Díaz. Pocos periodistas llegados a su nivel son capaces de girar la vista hacia los EREs, los despidos, los sueldos bajos, las jornadas criminales... No quiere olvidar que ese oficio también es el suyo. Hay quien dirá que aún tiene ilusión porque divisa este empleo desde una atalaya privilegiada. No lo creo. De corazón sigue pensando que el periodismo está vivo y tiene futuro, distinto al que él ha conocido, nada que ver con las redacciones que pisó con 16 años, pero el oficio de contar historias sigue vivo, y necesita soportes donde poner rostro a la vida. No es un iluso ni un embaucador. No. Cree sin fisuras que se pueden "romper las costuras" que imponen la autocensura y las presiones empresariales, poco a poco, ensanchando el horizonte. Lo dice quien puso en juego su puesto, quien incomoda en la central de su periódico, quien se tuvo que venir lejos para seguir contando lo que le pasa a la gente. Y, aún así, sigue metiendo el dedo en la llaga.
Hay que decir que, además, es divertido y cuenta grandes anécdotas, que tiene una mirada limpia de prejuicios que nada ni nadie ha manchado, que escapa de la antropología barata y mira al diferente con interés desmesurado. La sonrisa que domina el rostro flaco cuando habla de fútbol ilumina media Jerusalén. Fuma pero no demasiado, un cigarro (Marlboro) a la hora, gesticula con cadencia y fuerza contenida, se pone y se quita las gafas del cerca, se hace el remolón con las fotos. Para la cita eligió el Zuni, el único restaurante de la ciudad que abre 24 horas y que hasta los ultraortodoxos se vieron obligados a respetar. Un sitio tranquilo con jazz de fondo. No pincharon a Chet Baker, pero hablamos de él. Y de religión, de Berlusconi, de crisis. De tópicos, jefes y batallitas.
El encuentro pudo darse con la tribu de corresponsales españoles que, cada poco, hace una quedada en un buen restaurante jerosolimitano, pero esta charla a dos, más tranquila, fue un regalo de mis amigos-colegas Alejandro Luque e Ilya Topper para Mediterráneo Sur. Impagable oportunidad para ver de cerca al adorado señor González. Esta mitómana convencida e irredenta se crece cuando constata que los dioses no tienen que ser de barro. Que los hay de verdad, que no mienten, que no engañan. Así que, preparaos, porque estoy insoportable estos días. He visto que la luz era limpia y verdadera. Ahora toca pelear para alcanzarla.

4 comentarios:

pirfa dijo...

Me alegro mucho de este encuentro. De que lo hayas disfrutado y de que salgas todavía más convencida de lo que ya estabas. Un beso enorme.

Anónimo dijo...

Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.

- Daniel

Herblay dijo...

Merci, Daniel! J'espère que vous lisez ce blog et les sujets vous semblent intéressants. Je sens mon hideux français ... Au revoir

Anónimo dijo...

Tremendo el Enric. Menudo trabajo está haciendo en El Cairo (también la chica esa, que no la conocía, Tesón). Imagino que si, escribiendo, conquista, en las distancias cortas es un huracán. Espero que sigas teniendo buenas experiencias en Israel.
Un abrazo de Juan Luis Murillo