
En un día me he fundido el maravilloso
Vidas escritas de
Javier Marías (Alfaguara, 2000), hecho de retazos de biografías de escritores, de anécdotas, de rasgos de vida que ayudan enormemente a entender sus obras. Compartiré con vosotros unas cuantas entregas de los autores que más me placen. He aprendido mucho, muchísimo, y me he reído más. Igual lo que cuento os suena a chascarrillo; si es así, haced por buscar el libro (difícil a menos que queráis bolsillo, preguntadle al
Bit) y veréis que no le hago justicia.
::William Faulkner::
Cuenta Marías que escribió Mientras agonizo en seis semanas, en los intervalos entre las paletadas de carbón que echaba a la caldera de la planta de energía eléctrica en que trabajaba; la vieja dinamo le servía con su "ruido apaciguador". Luego se empleó en la oficina de correos de la universidad, hasta que los profesores se quejaron de que no les llegaba ni una carta: todas las tiraba a la papelera sin abrir. Decía que no quería que lo molestasen mientras leía pidiendo un paquete urgente o, peor aún, con el capricho de un estudiante de comprar un sello. Dijo Faulkner una vez que "Hay solamente tres cosas que una mujer deba hacer: decir la verdad, montar a caballo y firmar cheques"; es la actitud de un hombre que tomó a su hija Alabama en brazos, recién muerta tras apenas cinco días de vida, y sin que nadie la velara, sin que ningún familiar la viera, la llevó a un cementerio y la enterró. Sin avisar a nadie. Sin más duelo. Un hombre que, reconoce, escribió Santuario -su obra más comercial- "porque necesitaba dinero para comprar un caballo". Cuando le reprochaban que no hubiera sido lector de Freud, contestaba: "Nunca lo le leído. Tampoco Shakespeare lo leyó. Dudo que lo leyera Melville, y estoy seguro de que Moby Dick no lo hizo".